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西班牙语学习:西班牙语阅读《一千零一夜》连载二十九 b

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2012-05-15 09:50

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西语阅读:《一千零一夜》连载二十九 b

PERO CUANDO LLEGÓ LA 312 NOCHE

 

Ella dijo:

... un tronco de caballos de la más pura raza árabe.

Entonces me vi obligado a partir contra mi gusto aquella vez, y me embarqué en una nave que salía de Bassra.

Tanto nos favoreció el Destino, que a los dos meses, día tras día, lle­gamos a Serendib con toda seguridad. Y me apresuré a llevar al rey la carta y los obsequios del Emir de los Creyentes.

Al verme, se alegró y satisfizo el rey, quedando muy complacido de la cortesía del califa. Quiso entonces retenerme a su lado una larga tem­porada; pero yo no accedí a quedar­me más que el tiempo preciso para descansar. Después de lo cual me despedí de él, y colmado de consi­deraciones y regalos, me apresuré a embarcarme de nuevo para tomar el camino de Bassra, por donde ha­bía ido.

Al principio nos fue favorable el viento, y el primer sitio a que arri­bamos fue una isla llamada la isla de Sin. Y realmente, hasta entonces habíamos estado contentísimos, y du­rante toda la travesía hablábamos unos con otros, conversando tran­quila y agradablemente acerca de mil cosas.

Pero un día, a la semana después de haber dejado la isla, en la cual los mercaderes habían hecho varios cambios y compras, mientras está­bamos tendidos tranquilos, como de costumbre, estalló de pronto sobre nuestras cabezas una tormenta terri­ble y nos inundó una lluvia torren­cial. Entonces nos apresuramos a tender tela de cáñamo encima de nuestros fardos y mercancías para evitar que el agua los estropease, y empezamos a suplicar a Alah, que alejase el peligro de nuestro camino.

En tanto permanecíamos en aque­lla situación, el capitán del buque se levantó, apretóse el cinturón a la cintura, se remangó las mangas y la ropa, y después subió al palo mayor, desde el cual estuvo mirando bastante tiempo a derecha e izquier­da. Luego bajó con la cara muy amarilla, nos miró con aspecto com­pletamente desesperado, y en silen­cio empezó a golpearse el rostro y a mesarse las barbas. Entonces corri­mos hacia él muy asustados y le preguntamos: “¿Qué ocurre?” Y él contestó: “¡Pedidle a Alah que nos saque del abismo en que hemos caí­do! ¡Oh más bien, llorad por todos y despedíos unos de otros! ¡Sabed que la corriente nos ha desviado de nuestro camino, arrojándonos a los confines de los mares del mundo!”

Y después de haber hablado así, el capitán abrió un cajón, y sacó de él un saco de algodón, del cual ex­trajo polvo que parecia ceniza. Mo­jó el polvo con un poco de agua, esperó algunos momentos, y se puso luego a aspirar aquel producto. Des­pués sacó del cajón un libro peque­ño, y leyó entre dientes algunas pá­ginas, y acabó por decimos: “Sabed, ¡oh pasajeros! que el libro prodigioso acaba de confirmar mis suposicio­nes. La tierra que se dibuja ante nos­otros en lontananza, es la tierra conocida con el nombre de Clima de los Reyes. Ahí se encuentra la tum­ba de nuestro señor Soleimán ben­-Daúd (西班牙留学网xibanya.liuxue86.com) Ahí se crían monstruos y ser­pientes de espantable catadura. Ade­más, el mar en que nos encontriamos está habitado por monstruos marinos que se pueden tragar de un bocado los navíos mayores con car­gamento y pasajeros! ¡Ya estáis avi­sados! ¡Adiós!”

Cuando oímos estas palabras del capitán, quedamos de todo punto es­tupefactos, y nos preguntábamos qué espantosa catástrofe iría a pasar, cuando de pronto nos sentimos le­vantados con barco y todo, y des­pués hundidos bruscamente, mien­tras se alzaba del mar un grito.más terrible que el trueno. Tan espanta­dos qudamos que dijimos nuestra última oracion, y permanecimos iner­tes como muertos. Y de improviso vimos que sobre el agua revuelta y delante de nosotros, avanzaba hacia el barco un monstruo tan alto y tan grande como una montaña, y des­pués otro.monstruo mayor, y detrás otro tan enorme como los dos jun­tos. Este último brincó de pronto por el mar, que se abría como una sima, mostró una boca más profunda que un abismo, y se tragó las tres cuar­tas partes del barco con cuanto con­tenía. Yo tuve el tiempo justo para retroceder hacia lo alto del buque y saltar al mar, mientras el monstruo acababa de tragarse la otra cuarta parte, y desaparecía en las profun­didades con sus dos compañeros.

Logré agarrarme a uno de los ta­blones que habían saltado del barco al darle la dentellada el monstruo marino, y después de mil dificultades pude llegar a una isla que afortuna­damente estaba cubierta de árboles frutales y regada por un río de agua excelente. Pero noté que la corriente del río era rápida hasta el punto de que el ruido que hacía oíase muy a lo lejos. Entonces, y al recordar co­mo me salvé de la muerte en la isla de las pedrerías, concebí la idea de construir una balsa igual a la anterior y dejarme llevar por la corriente. En efecto, a pesar de lo agradable de aquella isla nueva, yo pretendía vol­ver a mi país. Y pensaba: “Si logro salvarme, todo irá bien, y haré voto de no pronunciar siquiera la palabra viaje, y de no pensar en tal cosa du­rante el resto de mi vida. ¡En cam­bio, si perezco en la tentativa, todo irá bien asimismo, porque acabaré definitivamente con peligros y tribu­laciones.”

Me levanté, pues, inmediatamente, y después de haber comido alguna fruta, recogí muchas ramas grandes cuya,especie ignoraba entonces, aun­que luego supe eran de sándalo, de la calidad más estimada por los mer­caderes, a causa de su rareza. Des­pués empecé a buscar cuerdas y cor­deles, y al principio no los encontré; pero vi en los árboles unas plantas trepadoras y flexibles, muy fuertes, que podían servirme. Corté las que me hicieron falta, y las utilicé para atar entre sí las ramas grandes de sándalo. Preparé de este modo una enorme balsa, en la cual coloqué fru­ta en abundancia, y me embarqué diciendo: “¡Si me salvo, lo habrá querido Alah!”

Apenas subí a la balsa Y me hube separado de la orilla, me vi arras­trado con una rapidez espantosa por la corriente, y sentí vértigos, y caí desmayado encima del montón de fruta exactamente igual que un pollo borracho.

Al recobrar el conocimiento, miré a mi alrededor, y quedé más inmó­vil de espanto que nunca, y ensorde­cido por un ruido como el del true­no. El río no era más que un to­rrente de espuma hirviente, y más veloz que el viento, que chocando con estrépito contra las rocas, se lan­zaba hacia un precipicio que adivi­naba yo más que veía. ¡Indudable­mente iba a hacerme pedazos en él, despeñándome sabe quién desde qué altura!

Ante esta idea aterradora, me aga­rré con todas mis fuerzas a las ra­mas de la balsa, y cerré los ojos ins­tintivamente para no verme aplasta­do y destrozado, e invoqué el nom­bre de Alah antes de morir. Y de pronto, en vez de rodar hasta el abis­mo, comprendí que la balsa se para­ba bruscamente encima del agua, y abrí los ojos un minuto por saber a qué distancia estaba de la muerte, y no fue para verme estrellado contra los peñascos, sino cogido con mi bal­sa en una inmensa red, que unos hombres echaros sobre mí desde la ribera. De esta suerte me hallé co­gido y llevado a tierra, y allí me sacaron o vivo y medio muerto de entre las mallas de la red, en tan­to transportaban a la orilla mi balsa. Mientras yo permanecía tendido, inerte y tiritando, se adelantó hacia mí un venerable jeique de barbas­ blancas, que empezó por desearme la bienvenida, y por cubrirme- con ropa caliente que me sentó muy bien. Reanimado ya por las fricciones y el masaje que tuvo la bondad de darme el anciano, pude sentarme, pero sin recobrar todavía el uso de la palabra.

Entonces el anciano me cogió del brazo, y me llevó suavemente al hammam, en donde me hizo tomar un baño excelente que acabó de res­tituirme el alma; después me hizo aspirar perfumes exquisitos y me los echó por todo el cuerpo, y me llevó a su casa.

Cuando entré en la morada de aquel anciano, toda su familia se alegró mucho de mi llegada, y me re­cibió con gran cordialidad y demos­traciones amistosas. El mismo ancia­no hizome áentar en medio del di­ván de la sala de recepcion, y me dio a comer cosas de primer orden, y a beber un agua agradable perfu­mada con flores. Después quemaron incienso a mi alrededor, y los escla­vos me trajeron agua caliente y aromatizada para lavarme las manos, y me presentaron servilletas ribeteadas de seda, para secarme los dedos las barbas y la boca. Tras de lo cual el anciano me llevó a una habitación muy bien amueblada, en donde que­dé solo, porque se retiró con mucha discreción. Pero dejó a mis órdenes varios esclavos que de cuando en cuando iban a verme por si necesitaba sus servicios.

Del propio modo me trataron du­rante tres días, sin que nadie me in­terrogase ni me dirigiera ninguna pregunta, y no dejaban que careciese de nada, cuidándome con mucho es­mero, hasta que recobré completa­mente las fuerzas, y mi alma y mi corazón se calmaron y refrescaron. Entonces, o sea la mañana del cuar­to día, el anciano se sentó a mi lado, y después de las zalemas, me dijo: “¡Oh huésped, cuanto placer y sa­tisfacción hubo de proporcionarnos tu presencia! ¡Bendito sea Alah, que nos puso en tu camino para salvar­te del abismo! ¿Quién eres y de dón­de vienes?” Entonces di muchas gra­cias al anciano por el favor enorme que me había hecho salvándome la vida y luego dándome de comer ex­celentemente, y de beber excelentemente, y perfumándome excelente­mente, y le dije: “.¡Me llamo Sindbad el Marino! ¡Tengo este sobrenombre a consecuencia de mis grandes viajes por mar y de las cosas extraordína­rías que me ocurrieron, y que si se escribieran con agujas en el ángulo de un ojo, servirían de lección a los lectores atentos!” Y le conté al an­ciano mi historia desde el principio hasta el fin, sin omitir detalle.

Quedó prodigiosamente asombra­do entonces el jeique, y estuvo una hora sin poder hablar, conmovido por lo que acababa de oír. Luego le­vantó la cabeza, me reiteró la expre­sión de su alegría por haberme so­corrido, y me dijo: “¡Ahora, ¡oh huésped mío! si quisieras oír mi con­sejo, venderías aquí tus mercancías, que valen mucho dinero por su ra­reza y calidad!”

Al oír las palabras del viejo, llegué al límite del asombro, y no sabiendo lo que quería decir ni de qué mer­cancías hablaba, pues yo estaba des­provisto de todo, empecé por callar­me un rato, y como de ninguna ma­nera quería dejar escapar una oca­sion extraordinaria que se presenta­ba inesperadamente, me hice el enterado, y conteste: “¡Puede que sí!” Entonces el anciano me dijo: “No te preocupes, hijo mío, respecto a tus mercaderías. No tienes más que levantarte y acompañarme al zoco. Yo me encargo de todo lo demás. Si la mercancía subastada produce un precio que nos convenga, lo acep­taremos; si no, te haré el favor de conservarla en mi almacén hasta que suba en el mercado. ¡Y en tiempo oportuno podremos sacar un precio más ventajoso!”

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西班牙语没有英语这么复杂的发音规则。他几乎每一个字母都只有一个特定的音,我举个例子,a这个字母无论何时都发“阿”这个音,e发“唉”(口型小点,跟英语里的e差不多)。西班牙语只有一个音是比较难发的,那就是r这个字母,他发的是大舌颤音,其实,西班牙语最难得不是他的发音,而是他的语法和动词变位。你一学就知道了,背的东西太多。还有,他的语速不是一般的快,你要做好心理准备,和英语不是一个数量级的!!我建议你最好提前买一本西班牙语看看,因为它比英语难学的多的多 。

1. 西班牙语属于拉丁语系,比英语要科学,是不要音标的拼音文字,掌握发音规则后就能够”见词发音”。短短的入门,学的好,就可以地道流利地读出所有的西班牙文章,这是第一关!西班牙谚语中把最难做的事情比做”学汉语”,可见有中文水平的人学西班牙不是成了最容易的事了?

2. 西班牙语的小舌音,卷舌连续抖动的r、rr是中国人的难点,窍门有三。一、发音前多加上“德拉”;二、利用漱口的时候,多延时5分钟——“嘟鲁鲁”;三、坚持2-4周利用上下班和无人的时候,练习卷舌,以上三点定会让你有“西班牙”味!还有些音是要声带镇动的,要注意!

3. 掌握西班牙语动词的变位也是个要死记硬背,熟能生巧的活!他的变化是为了口语交流中大量的省略主语,口语的方便带来的动词变位头痛是每一个有志学好西班牙语的人要克服的难关。有人说:“流利地读,熟练变位”掌握好了,西班牙语就学会了一半啊!初学者就没有白学!你也知道了重点在哪里了,可以集中精力去攻哪一块了。

4. 有点英语基础的人,会发现西班牙语单词在多数主要单词词干上非常接近,这样大家学习起来又省了些劲!

5. 学习任何外国语,要以模仿开口为优先,背会一句就应用一句,这样就算掌握了。不要,先纠语法一堆,就是不敢开口!讲错了,因为你是外国人,别人的背景比你大,所以人家仍然能听懂你,就象外国人讲汉语,即使很不准,你也能听懂,搞明白,会原谅他的不标准的。胆子大是第一啊,有人说过,你学外语多数都不是为了当电台标准播音员吧,何况,即使母语能挑上当播音员的又有几个?降低标准,抓住重点,能绕开你学语言的误区!

2012年02月22日 《西班牙语学习:西班牙语阅读《一千零一夜》连载二十九 b》来源于西班牙留学https://xibanya.liuxue86.com

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